
Blanca Esteban Luna / Seguridad Alimentaria (Asociación de Celíacos y
Sensibles al Gluten)
Durante años, la Enfermedad Celíaca (EC) fue considerada una enfermedad infantil, asociada a diarreas crónicas, bajo peso y retraso en el crecimiento. Sin embargo, hoy sabemos que puede manifestarse a cualquier edad, incluso en personas mayores de 60 o 70 años. De hecho, cada vez más adultos mayores reciben su diagnóstico después de décadas con síntomas ignorados, malinterpretados o atribuidos simplemente al envejecimiento.
Síntomas invisibles.- En adultos mayores, la EC rara vez se presenta con síntomas digestivos evidentes. En su lugar, suelen aparecer:
• Anemia persistente sin causa aparente
• Dolor óseo u osteoporosis
• Fatiga crónica
• Depresión o cambios de ánimo
• Pérdida de peso sin explicación
• Dificultad para concentrarse (“niebla mental”)
Estos síntomas, lejos de levantar sospechas, muchas veces se normalizan como “cosas de la edad”, lo que retrasa el diagnóstico.
Años de malestar y tratamientos equivocados.- Muchas personas mayores deambulan por distintos especialistas, son sometidos a multitud de pruebas, análisis y dietas, sin resultados concretos no satisfactorios, hasta que finalmente una biopsia intestinal pone nombre a su malestar: EC.
El problema es que, cuanto más tarde se detecta la enfermedad, mayor es el daño acumulado. La EC no tratada puede aumentar el riesgo de:
• Osteoporosis grave
• Problemas neurológicos
• Incluso ciertos tipos de cáncer intestinal
Un diagnóstico tardío… pero transformador.- Recibir un diagnóstico de EC después de los 60 puede parecer abrumador, pero también puede ser un cambio de vida positivo. Muchas personas recuperan energía, mejoran su estado de ánimo, estabilizan su peso y reducen dolores crónicos tras adoptar una dieta sin gluten.
Eso sí, la adaptación a esta dieta no siempre es fácil: hay que aprender a leer etiquetas, evitar la contaminación cruzada y reformular las recetas tradicionales que solían hacer. Para muchos adultos mayores, esto representa un desafío adicional, especialmente si viven solos o dependen de otros para cocinar o para comprar sus alimentos. Puede que dependan del servicio de comida a domicilio o que vivan en una residencia, en ambos casos deberán solicitar un menú sin gluten.
La clave está en sospechar a tiempo.- La comunidad médica comienza a tomar conciencia, pero aún falta mucho. Es fundamental que los profesionales de la salud incluyan la EC entre las posibles causas cuando una persona mayor presenta síntomas inespecíficos, especialmente si hay antecedentes familiares o enfermedades autoinmunes asociadas.
Conclusión: nunca es tarde para saber qué te pasa.- La EC en adultos mayores es más común de lo que parece, pero sigue oculta detrás de mitos y diagnósticos erróneos. Detectarla a tiempo no solo previene complicaciones graves, sino que puede transformar la calidad de vida de quienes han vivido años sin respuestas. Si tienes más de 50 años y llevas tiempo con síntomas que nadie logra explicar, o si conoces a alguien en esa situación, no descartes la posibilidad de la EC. A veces, el diagnóstico llega tarde… pero a tiempo para cambiarlo todo.






