Casi un siglo de vida de aquella primera Escuela Elemental del Trabajo que, desde sus inicios, se convirtió en un referente de formación profesional en Valdepeñas
En 1929, cuando Valdepeñas vivía un importante desarrollo agrícola e industrial, nacía en una casona clásica de la localidad lo que entonces se conocía como una Escuela Elemental del Trabajo. Hoy, casi un siglo después, esa escuela se ha convertido en el IES Gregorio Prieto, uno de los centros de formación profesional más veteranos y emblemáticos de la región.
Su origen fue fruto de la necesidad: la comarca carecía de técnicos cualificados, especialmente en el sector vinícola y en oficios como la electricidad o la soldadura. El Ayuntamiento, junto con la asociación de empresarios de la época, solicitó al Ministerio la creación de un centro que formara a esos profesionales tan demandados, siendo una de las primeras escuelas de este tipo en el país.
Los primeros pasos fueron tan humildes como ilusionantes. La enseñanza comenzó en aquella casona, adaptada con talleres básicos y unas pocas aulas donde el conocimiento se abría paso entre el olor a serrín y a metal recién trabajado. Los primeros cursos contaban con apenas entre 100 y 300 alumnos y ofrecían especialidades como electricidad, soldadura o técnico bodeguero, además de corte y confección, lo que permitió que comenzaran a llegar también las primeras alumnas, algo poco habitual en la época. La escuela era pequeña, pero se respiraba un ambiente de familia y de pasión por aprender.

Con los años, la institución fue cambiando de nombre conforme lo hacía la normativa educativa: de Escuela Elemental del Trabajo pasó a denominarse Escuela de Maestría Industrial, luego a Centro de Formación Profesional de primer y segundo grado, y finalmente al actual IES Gregorio Prieto. Pese a las nuevas denominaciones, el espíritu del centro nunca cambió: formar a jóvenes preparados para incorporarse al mundo laboral, con un aprendizaje eminentemente práctico y con el apoyo de muchos profesionales en activo que impartían sus conocimientos desde la experiencia.
A medida que aumentaba el alumnado, el viejo edificio se quedó pequeño, comenzando la construcción del actual complejo educativo allá por 1967 que fue creciendo por fases a lo largo de las décadas, contando a día de hoy con 9 edificios y una extensión superior a las 3 hectáreas. Pero el desarrollo del centro no estuvo exento de obstáculos. En una ocasión, defectos estructurales obligaron a cerrar el edificio principal y reorganizar el curso entero en apenas un verano. Las clases se trasladaron temporalmente a otras dependencias, como la Escuela de Idiomas o el propio colegio menor Juan Alcaide, y se levantó en tiempo récord un edificio anexo para no interrumpir la formación de los alumnos. Esa capacidad de reacción y resiliencia marcaría el carácter del Gregorio Prieto.

Asimismo, con el paso de los años, especialidades como la de técnico bodeguero o corte y confección desaparecieron, siendo las dos ramas principales: electricidad y mecánica con soldadura. Poco a poco, el instituto fue incorporando nuevas especialidades según las necesidades del mercado: Administración, Automoción, Sanitaria, Comercio, Informática, Electrónica y Cocina y Restauración, entre otras. Pero sin duda, una de las más destacadas de la década de los 80 fue Enología, que en aquel momento solo existía en Valdepeñas y en La Rioja, convirtiendo al centro en pionero a nivel nacional.
Con el tiempo, las antiguas dependencias del centro de profesores pasaron a integrarse en el instituto y allí se construyó una bodega didáctica pionera en España, dotada de las instalaciones más modernas, además de una pequeña almazara para el ciclo de Elaboración de Aceites y Vinos y espacios para Cocina y Restauración.
En 2004, el instituto celebró sus 75 años de trayectoria con un emotivo acto institucional que reunió a antiguos alumnos, docentes y autoridades educativas. Aquella efeméride sirvió para poner en valor el papel del centro como motor de progreso y ascensor social para miles de familias de Valdepeñas y su comarca.

En la actualidad, el IES Gregorio Prieto cuenta con entre 1.300 y 1.400 alumnos entre enseñanzas de ESO, Bachillerato y Formación Profesional, tanto presencial como e-learning. Uno de los aspectos más destacados en la evolución del instituto ha sido la incorporación constante de nuevos ciclos de Formación Profesional, como es el caso en estos últimos años de grados superiores como el de Asistencia a la Dirección, y sobre todo, los relacionados con la informática como Desarrollo de Aplicaciones Web o Desarrollo de Aplicaciones Multiplataforma. La familia profesional de informática es, sin duda, una de las que cuenta con mayor demanda actualmente y con mejores índices de inserción laboral. Junto a los nuevos ciclos, destaca también el repunte reciente en la demanda de ciclos formativos tradicionales como el de Electricidad y la Automoción.
Hoy, el Instituto Gregorio Prieto encara su centenario con la misma vocación con la que nació en aquella casona de Valdepeñas: formar a profesionales cualificados, apasionados por su oficio y preparados para transformar su entorno. De sus aulas han salido miles de alumnos que hoy trabajan repartidos por toda España. Muchos fueron en su momento torneros, electricistas, mecánicos o técnicos en enología que encontraron empleo en grandes empresas o ciudades industriales a lo largo y ancho de nuestro país. Fueron, y siguen siendo, el mejor reflejo de lo que representa el Gregorio Prieto: una institución que no solo enseña oficios, sino que enciende vocaciones, impulsa el progreso de su tierra y demuestra que la formación profesional, cuando se hace con dedicación y cercanía, puede cambiar vidas.
Texto: Juan Diego García-Abadillo. Fotos: IES Gregorio Prieto






