La Feria Nacional del Campo (FERCAM) se celebrará del 24 al 28 de junio. La feria multisectorial dedicada al mundo del campo que se celebra cada año en Manzanares está considerada una de las citas más importantes de España dentro del sector agrícola y ganadero, y funciona como un gran punto de encuentro entre profesionales, empresas y público interesado en el ámbito rural. FERCAM es un escaparate donde se muestran las últimas novedades relacionadas con la agricultura, la ganadería y la industria agroalimentaria. Su principal protagonista es la maquinaria agrícola -tractores, cosechadoras, sistemas de riego o equipos especializados-, pero no se limita solo a eso. También reúne a empresas de otros sectores vinculados, como energías renovables, automoción, obra pública o tecnología aplicada al campo.
FERCAM no es solo una exposición comercial, cumple una función muy importante como espacio de negocio y de intercambio de conocimiento. Durante los días que dura la feria se organizan conferencias técnicas, concursos, catas de productos agroalimentarios y actividades profesionales que permiten a agricultores, ganaderos y empresas conocer nuevas tendencias, establecer contactos y cerrar operaciones comerciales.
Por tanto, FERCAM no es solo una feria para ver maquinaria, sino una herramienta clave para el desarrollo del sector primario. Es un lugar donde se conecta la tradición del campo con la innovación, y donde se puede tomar el pulso a la situación actual y al futuro de la agricultura y la ganadería en España. Cada año, Manzanares se convierte en un punto de encuentro donde tradición, innovación y negocio se dan la mano, pero lo verdaderamente interesante es entender cómo ha llegado hasta ahí y por qué sigue siendo clave hoy en día.
El origen de FERCAM es casi simbólico. En 1960, en los Paseos del Río de Manzanares, apenas seis empresas locales decidieron mostrar la maquinaria agrícola más avanzada que tenían en ese momento. Aquella pequeña exposición, con tractores, remolques y aperos, fue el primer paso de una feria que ni siquiera tenía aún vocación nacional. Era un evento modesto, pensado para agricultores de la zona, pero ya dejaba entrever algo importante: la necesidad de modernizar el campo y compartir conocimiento.
Solo un año después, en 1961, la feria dio un salto y pasó a ser regional. Durante más de cinco décadas fue creciendo de manera constante, adaptándose a los cambios del sector agrícola. El verdadero punto de inflexión llegó en 2014, cuando en su 54ª edición dejó atrás la etiqueta regional para convertirse oficialmente en una feria nacional. En realidad, ese reconocimiento solo venía a confirmar una realidad: empresas de toda España -e incluso del extranjero- ya la consideraban una cita imprescindible.
Ese crecimiento también se refleja en el propio espacio físico. Hoy FERCAM se celebra en un recinto ferial que supera los 120.000 metros cuadrados al aire libre, además del pabellón cubierto. Un espacio de estas dimensiones permite acoger desde grandes máquinas agrícolas hasta expositores agroalimentarios o empresas tecnológicas.

Pero más allá de los números, lo que define a FERCAM es su carácter multisectorial. Aunque la maquinaria agrícola sigue siendo el gran eje, la feria ha sabido abrirse a otros ámbitos: ganadería, regadíos, energías renovables, automoción, obra pública o industria agroalimentaria. Esta diversidad explica por qué la feria no solo interesa a agricultores, sino también a empresas, técnicos y profesionales de distintos sectores vinculados al mundo rural.
Además, FERCAM ha demostrado una notable capacidad de adaptación. Un ejemplo claro fue la pandemia de 2020, cuando, por primera vez en su historia, no pudo celebrarse de forma presencial. Lejos de paralizarse, la organización apostó por formatos digitales, como revistas profesionales y plataformas online para conectar expositores y visitantes. Esa experiencia no se perdió, sino que se integró después en el modelo de feria, dando un paso más hacia su modernización.
Si hay algo que define la edición más reciente es la palabra “récord”. La 63ª edición cerró con cifras históricas: más de 200 expositores, procedentes de decenas de provincias españolas, y cerca de 100.000 visitantes en apenas cinco días. El volumen de maquinaria y productos expuestos superó los 43 millones de euros, la cifra más alta alcanzada hasta ahora.
Durante esos días, Manzanares volvió a convertirse en el centro neurálgico del campo español. No solo por la actividad comercial -con numerosos acuerdos y ventas cerradas-, sino también por su papel como foro de conocimiento. Conferencias técnicas, concursos ganaderos, catas agroalimentarias o subastas de sementales de raza ovina manchega formaron parte de una programación que va mucho más allá de la simple exposición.
Uno de los aspectos más destacados de esta última edición fue la calidad del visitante. Los expositores coincidieron en que el público que acudió tenía un perfil más profesional y con intención real de compra. Es decir, menos paseo y más negocio, algo clave para entender el éxito de la feria.
Además, FERCAM sigue siendo un motor económico fundamental para la zona. No solo por el volumen de negocio directo que genera, sino por el impacto que tiene en la hostelería, el comercio y la imagen de Manzanares, una localidad que históricamente ha sido un cruce de caminos y que hoy refuerza ese papel como punto estratégico del sector agroalimentario.

Con la mirada puesta en la próxima edición, la organización parte de una base sólida. El objetivo es seguir creciendo, pero de forma sostenible, manteniendo el equilibrio entre cantidad y calidad. La próxima cita volverá a reunir a cientos de empresas en torno a un sector que está en plena transformación, marcado por retos como la digitalización, la sostenibilidad, la gestión del agua o la eficiencia energética.
En ese sentido, FERCAM no solo muestra lo que es el campo hoy, sino también hacia dónde se dirige. La presencia cada vez mayor de tecnología, inteligencia artificial o energías renovables refleja un cambio profundo en la forma de trabajar la tierra. Y la feria actúa como escaparate de ese cambio.
Agricultura de precisión y digitalización del campo: entre la tradición y la transformación.- En Castilla-La Mancha, el campo vive una transformación que no siempre es visible a simple vista, pero que está reconfigurando profundamente la forma de producir, de gestionar y de entender la agricultura. Entre parcelas que siguen trabajando con métodos heredados durante generaciones y otras que ya incorporan sensores, drones o sistemas de análisis de datos, el sector avanza en una transición compleja, marcada tanto por la oportunidad como por la incertidumbre.
No se trata de un cambio repentino, sino de un proceso gradual, lleno de resistencias, desigualdades y contradicciones. En ese escenario conviven agricultores que aún toman decisiones guiados por la experiencia acumulada durante décadas y otros que ya trabajan con información anticipada sobre el estado de sus cultivos. Dos formas de entender el campo que, lejos de excluirse, coexisten en un mismo territorio.

Fernando Muñoz Romero, ingeniero agrónomo y gerente de Agroglobal CLM, y Demi Prado Martín, gerente de Utiltec y especialista en agricultura de precisión, permiten trazar una radiografía precisa de este momento de cambio. Desde la gestión técnica del día a día hasta la aplicación de tecnología avanzada, ambos coinciden en una idea clave: el campo está en transición, pero no todos avanzan al mismo ritmo.
Para quienes trabajan directamente sobre el terreno, la agricultura ha dejado de ser una actividad predecible. La estabilidad que durante años caracterizó al sector ha dado paso a un entorno mucho más volátil, donde influyen factores económicos, climáticos, normativos y tecnológicos de forma simultánea. “Al final es ir aprendiendo junto con ellos”, explica Fernando Muñoz, que define su labor como la de un profesional que acompaña al agricultor en un contexto donde cada campaña plantea nuevos retos. Su trabajo no se limita a aplicar conocimientos técnicos, sino a resolver problemas concretos que surgen día a día, muchos de ellos sin precedentes claros.
En ese contexto, identifica tres grandes preocupaciones que atraviesan el sector: el agua, las emisiones y la digitalización. Tres ejes que condicionan no solo la producción, sino la propia viabilidad de las explotaciones.
A esta complejidad se suma una presión económica creciente. En numerosas ocasiones, el agricultor produce sin obtener un margen de beneficio suficiente. “Los precios están pagándose por debajo de costes”, señala, describiendo una situación en la que el esfuerzo productivo no se corresponde con el retorno económico.

El problema no reside únicamente en el precio en origen, sino en toda la cadena de valor. La presencia de intermediarios, el impacto de la inflación y factores globales como los conflictos internacionales hacen que el precio final al consumidor aumente mientras el productor sigue en una posición de debilidad. El resultado es una sensación generalizada de desequilibrio que afecta directamente a la sostenibilidad económica del sector.
Mano de obra, relevo generacional y cambio de modelo.- A esa presión económica se añade un problema estructural que preocupa especialmente a los profesionales del campo: la falta de mano de obra. Cada vez resulta más difícil encontrar trabajadores dispuestos a desarrollar tareas agrícolas, lo que obliga a recurrir a mano de obra externa y complica la planificación de las campañas.
Esta situación está estrechamente relacionada con el relevo generacional. El campo no está consiguiendo atraer a jóvenes en la medida necesaria, en parte por la falta de rentabilidad, pero también por la percepción de inestabilidad que rodea al sector.
Muchos de los que podrían incorporarse terminan descartándolo antes incluso de intentarlo. La inversión inicial, la dificultad para acceder a financiación y la incertidumbre sobre los ingresos hacen que la agricultura deje de ser una opción atractiva para nuevas generaciones.
Al mismo tiempo, el modelo productivo ha cambiado de forma significativa en los últimos años. La mecanización y la necesidad de optimizar recursos han impulsado sistemas más intensivos, donde la rentabilidad se busca a través de la escala y la eficiencia.
“El agricultor necesita modelos rentables con menos mano de obra”, resume Muñoz, describiendo una tendencia clara hacia explotaciones más tecnificadas y menos dependientes del trabajo manual. En este contexto, cultivos como el pistacho o el olivar han ganado protagonismo como alternativas más viables en determinadas zonas.

El agua como factor determinante.- Si hay un elemento que condiciona todo el sistema agrícola en Castilla-La Mancha, ese es el agua. No se trata solo de un recurso más, sino del factor que define qué se puede cultivar, cómo y en qué condiciones.
“Sin agua no podemos producir”, afirma con contundencia el ingeniero agrónomo, poniendo el foco en una realidad que atraviesa todo el sector. La disponibilidad de agua no depende únicamente de las lluvias, sino también de las políticas de gestión, las restricciones administrativas y las decisiones de las confederaciones hidrográficas.
Aunque en campañas recientes las precipitaciones han sido más favorables, la incertidumbre sigue presente. La variabilidad climática y las limitaciones en el uso del agua obligan a los agricultores a replantear constantemente sus estrategias, buscando cultivos más adaptados o sistemas más eficientes.
La digitalización del campo: entre la necesidad y la resistencia.- En este contexto de presión y cambio, la digitalización aparece como una de las grandes herramientas de transformación. Sin embargo, su implantación no está siendo homogénea ni sencilla.
El sector se encuentra en un punto intermedio, donde la tecnología ya está disponible y, en muchos casos, es obligatoria, pero su adopción real todavía es limitada. El cuaderno de campo digital, la trazabilidad o la gestión informatizada de tratamientos son ejemplos de herramientas que están redefiniendo la forma de trabajar. “Se está pasando de la edad de piedra a la tecnológica”, resume Muñoz, reflejando el salto que se exige al sector en un corto periodo de tiempo.
La principal barrera no es tanto la tecnología en sí, sino la capacidad de adaptación. Muchos agricultores, especialmente los de mayor edad, encuentran dificultades para manejar herramientas digitales básicas, lo que genera una brecha interna que ralentiza el proceso.
A ello se suma la falta de recursos humanos especializados. La demanda de técnicos capaces de acompañar este proceso de digitalización supera en muchos casos la oferta disponible, lo que genera una sensación de desbordamiento tanto en los profesionales como en los propios agricultores.

Agricultura de precisión: anticiparse al problema.- En paralelo a esta digitalización general, la agricultura de precisión se posiciona como una de las herramientas más avanzadas para mejorar la eficiencia del campo. Desde la perspectiva de Demi Prado, esta tecnología permite cambiar completamente la forma de tomar decisiones.
“La agricultura de precisión es hacer trabajos en agricultura con máxima precisión”, explica, definiendo un modelo basado en el análisis detallado del cultivo a través de datos.
Uno de los elementos clave es el uso de imágenes multiespectrales, obtenidas mediante satélites y drones, que permiten analizar el estado del cultivo más allá de lo que el ojo humano puede percibir. Gracias a estas herramientas, es posible detectar problemas antes de que se manifiesten visualmente.
“Podemos tomar decisiones con dos meses de antelación”, señala, destacando la capacidad de anticipación que ofrece este enfoque.
El funcionamiento de la agricultura de precisión se basa en la combinación de distintas tecnologías. Los satélites proporcionan una visión periódica del terreno, mientras que los drones permiten obtener imágenes de alta resolución al trabajar a menor altura.
Esta combinación hace posible analizar el cultivo prácticamente planta por planta, identificando variaciones en el estado vegetativo, problemas de riego o la aparición de plagas.

A ello se suman sensores y estaciones meteorológicas que permiten monitorizar en tiempo real las condiciones del suelo y del entorno. Esta información se traduce en decisiones más ajustadas y en una gestión mucho más eficiente de los recursos.
Eficiencia, ahorro y optimización de recursos.- El impacto de estas tecnologías se refleja directamente en la eficiencia de las explotaciones. Al aplicar tratamientos de forma localizada, se reduce el uso de agua, fertilizantes y fitosanitarios, lo que no solo disminuye los costes, sino que también mejora la sostenibilidad del sistema. “Le damos a la planta lo que necesita”, resume Prado, explicando un enfoque que busca equilibrar el cultivo y maximizar su rendimiento sin recurrir a tratamientos generalizados.
Además, la capacidad de anticiparse a problemas reduce el riesgo de pérdidas y permite actuar antes de que las plagas o enfermedades se extiendan.
A pesar de sus ventajas, la adopción de la agricultura de precisión sigue siendo limitada en muchas zonas. En Castilla-La Mancha, su implantación depende en gran medida del perfil del agricultor y del tipo de explotación.
Mientras las grandes explotaciones o las bodegas muestran mayor apertura a estas tecnologías, muchos agricultores tradicionales siguen viéndolas como algo ajeno o innecesario.
El problema, según Prado, no es la tecnología, sino la falta de conexión entre quienes la desarrollan y quienes deberían utilizarla. “Hay una distancia grandísima de desinformación”, señala.
En este sentido, las cooperativas agrícolas podrían desempeñar un papel clave, actuando como intermediarias capaces de facilitar el acceso a estas herramientas a un mayor número de agricultores.

Formación, percepción y relevo generacional.- El relevo generacional aparece como uno de los factores más determinantes para el futuro del sector. Las nuevas generaciones, más familiarizadas con la tecnología, pueden acelerar la adopción de estos sistemas.
Sin embargo, para que esto ocurra es necesario un esfuerzo en formación y acompañamiento. La percepción de complejidad sigue siendo una barrera importante, especialmente entre quienes llevan años trabajando con métodos tradicionales.
Frente a ello, se insiste en que la inversión en tecnología no debe entenderse como un coste, sino como una herramienta de ahorro. La reducción de insumos y la mejora de la eficiencia permiten amortizar rápidamente la inversión inicial.
Un futuro condicionado por la adaptación.- El futuro del campo en Castilla-La Mancha dependerá, en gran medida, de su capacidad para adaptarse a este nuevo contexto. La digitalización, la gestión del agua y la incorporación de nuevas tecnologías serán factores clave para garantizar la viabilidad del sector.
Sin embargo, el proceso no está exento de riesgos. Si la transformación no se produce de manera equilibrada, la brecha entre explotaciones tecnificadas y tradicionales puede ampliarse, generando desigualdades dentro del propio sector.
En ese escenario, el campo avanza entre la incertidumbre y la oportunidad, en un proceso en el que la tecnología deja de ser una opción para convertirse en una necesidad. Un cambio que no solo afecta a la forma de producir, sino a la propia identidad de la agricultura en la región.
La UCLM define, por primera vez, doce tipos de suelo de referencia para los viñedos de Castilla La Mancha

La investigación agraria continúa avanzando en Castilla-La Mancha con nuevos estudios centrados en uno de los cultivos más representativos de la región: el viñedo. El grupo de investigación Suelos Vitícolas de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM) ha identificado por primera vez doce tipos de suelos vitícolas de referencia en la comunidad autónoma, un trabajo que permitirá conocer mejor la relación entre el terreno y la calidad de la producción vitivinícola.
El estudio, publicado en la revista científica internacional Journal of Soils and Sediments, es el resultado de más de quince años de trabajo y del análisis de más de 450 perfiles de suelo en distintas zonas productoras de la región. La investigación profundiza en la llamada “edafodiversidad”, es decir, la variedad de suelos existentes en un territorio y su influencia sobre el comportamiento de los cultivos.
En el caso de la vid, el suelo desempeña un papel fundamental. Factores como la capacidad de retención de agua, la composición mineral o la profundidad del terreno influyen directamente en el desarrollo de la planta, el rendimiento de la cosecha y las características finales de la uva. Los investigadores destacan que esta diversidad explica buena parte de las diferencias productivas y de calidad existentes entre unas comarcas y otras.
El trabajo ha sido desarrollado por Caridad Pérez de los Reyes, Sandra Bravo, Mónica Sánchez, Andrés Gómez-Magán y Francisco Jesús García Navarro, integrantes del grupo Suelos Vitícolas de la UCLM, junto al catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid Raimundo Jiménez Ballesta, colaborador habitual del equipo investigador.
Además de identificar y clasificar los distintos tipos de suelo vitícola, el estudio analiza la influencia del clima mediterráneo y de los procesos naturales de formación del terreno en la configuración de los paisajes agrícolas de Castilla-La Mancha. Todo ello aporta información útil tanto para el ámbito científico como para el propio sector agrario.
Los responsables de la investigación subrayan que el conocimiento detallado del suelo puede ayudar a viticultores, cooperativas y bodegas a mejorar la gestión de sus parcelas, optimizar el uso del agua y adaptar mejor las técnicas de cultivo a las características de cada terreno. En un contexto marcado por el cambio climático y la escasez hídrica, disponer de esta información se considera cada vez más importante para avanzar hacia una agricultura más eficiente y sostenible.
La investigación se enmarca además en las nuevas políticas europeas orientadas a la protección y monitorización del suelo, que buscan reforzar la sostenibilidad de los sistemas agrícolas mediante un mayor conocimiento científico del territorio.
Pablo Camacho Fernández-Medina, director de Fercam
“FERCAM volverá a batir récords y demostrará que sigue siendo imprescindible para el sector primario”

Pregunta.- FERCAM alcanza este año su 64ª edición. ¿Con qué sensaciones afronta la organización esta nueva cita?
Respuesta.- Las sensaciones son muy positivas. Tras la última edición, los expositores tuvieron prioridad para renovar sus espacios y, una vez abierto el plazo para nuevas empresas, la respuesta fue extraordinaria. En muy poco tiempo completamos el aforo disponible y desde comienzos de año ya teníamos todos los espacios ocupados.
Lo más significativo es que seguimos recibiendo solicitudes de empresas interesadas en participar, algo que demuestra la fortaleza y el prestigio de FERCAM. Lamentablemente, muchas de ellas no podrán estar presentes porque el recinto tiene una capacidad limitada, por lo que volveremos a contar con una importante lista de espera.
Además, los datos que manejamos apuntan a una edición histórica. Habrá una gran presencia de maquinaria agrícola, ganadera, sistemas de riego, automoción… y todo indica que superaremos ampliamente los 47 millones de euros en valor de mercancía expuesta. También volveremos a situarnos por encima de los 200 expositores, unas cifras que reflejan que FERCAM sigue siendo una feria plenamente necesaria para el sector.
P.- ¿Cuáles son los principales objetivos que persigue la feria?
R.- El objetivo fundamental es que FERCAM continúe siendo un gran centro de negocio para el sector primario. Evidentemente, es un espacio de encuentro donde se intercambian ideas y se analizan los retos de la agricultura y la ganadería, pero sobre todo queremos que sea una feria comercial, donde se cierren operaciones y se generen oportunidades para las empresas.
Cuando comprobamos que muchos expositores repiten año tras año, algunos incluso desde hace más de medio siglo, lo que vemos es que FERCAM funciona. Esa fidelidad demuestra que es una herramienta útil para quienes participan.
Además, seguimos avanzando en la profesionalización de la feria. Cada edición incorporamos mejoras relacionadas con la digitalización, los servicios y la adaptación a las necesidades del sector. Este año, por ejemplo, vamos a reforzar la conectividad y el servicio de internet para los expositores.
En definitiva, queremos seguir impulsando un sector estratégico para Castilla-La Mancha, que representa alrededor del 18% del PIB regional y que resulta esencial para la economía y el empleo de nuestros pueblos. Durante esos días, FERCAM volverá a convertirse en la capital del campo.
P.- FERCAM vuelve a presentarse como una feria de récord. ¿Qué previsiones manejan en cuanto a visitantes y actividad económica?
R.- Nuestro objetivo es seguir creciendo y mejorar los datos de la edición anterior. Confiamos en volver a movernos en torno a los 100.000 visitantes gracias al importante trabajo de promoción que estamos realizando.
No obstante, para nosotros el dato más importante no es únicamente la cantidad de visitantes, sino su perfil. FERCAM es una feria profesional y nos interesa que quienes acudan lo hagan porque están interesados en la maquinaria, los productos y los servicios que aquí se presentan. Queremos visitantes que vengan a informarse, comparar y comprar.
En los últimos años hemos trabajado precisamente en esa dirección, reforzando el carácter profesional de la muestra. Además, el carácter multisectorial de FERCAM contribuye a ello. Aquí están representados la agricultura, la ganadería, el sector agroalimentario, el transporte, la obra pública, las energías renovables o los fitosanitarios, entre otros ámbitos.
Esa diversidad nos permite atraer perfiles muy distintos de visitantes y ampliar las oportunidades de negocio para los expositores.
P.- El programa de actividades es otro de los grandes atractivos de la feria. ¿Qué novedades destacaría este año?
R.- Hemos preparado un programa muy completo. Como es habitual, contaremos con conferencias técnicas para analizar la actualidad de la agricultura, la ganadería y el sector agroalimentario.
También vamos a reforzar las catas agroalimentarias, una de las actividades con mayor aceptación. Este año aumentaremos tanto el número de catas como el de participantes y, además, se celebrarán también en horario de mañana.
Mantendremos las actividades infantiles, que permiten acercar el mundo rural a los más pequeños y transmitirles la importancia de la agricultura y la ganadería en nuestra tierra.
El sector ganadero seguirá teniendo una presencia destacada con la subasta de sementales de raza ovina manchega y, como novedad, incorporaremos un taller de esquileo de ovejas, una actividad muy visual y atractiva para el público.
Tampoco faltarán las citas más tradicionales de FERCAM, como el Concurso Regional de Calidad de Vinos, el Concurso Regional de Calidad de Queso Manchego y el Concurso Nacional de Calidad de Aceite de Oliva Virgen Extra, que son ya una referencia dentro del sector agroalimentario.
P.- La innovación tecnológica tiene cada vez más peso en el sector primario. ¿Cómo se refleja esa realidad en FERCAM?
R.- Se refleja de forma muy clara. El crecimiento del valor de la mercancía expuesta, que superará los 47 millones de euros como mencionaba anteriormente, está directamente relacionado con la incorporación de nuevas tecnologías al sector. La digitalización, la automatización de procesos y la inteligencia artificial están transformando la agricultura y la ganadería.
Cada vez vemos maquinaria más avanzada, eficiente y sostenible, capaz de optimizar recursos y mejorar la productividad de las explotaciones. Esa evolución tecnológica tiene una presencia cada vez mayor en la feria.
Por eso seguimos apostando por el Premio a la Novedad Tecnológica, un reconocimiento que busca distinguir aquellas innovaciones que aportan un valor añadido real al sector. Llevamos más de una década impulsando esta iniciativa y cada año comprobamos cómo aumenta el nivel de competitividad para conseguir ese premio.
La innovación es ya una parte fundamental del presente y del futuro del campo, y FERCAM quiere seguir siendo un escaparate privilegiado para mostrar esos avances.
P.- ¿Con que presupuesto contará FERCAM este año y qué supone este esfuerzo y qué impacto tiene la feria para Manzanares?
R.- Es el presupuesto más grande de la historia de FERCAM que alcanzará los 475.000 euros, lo que supone un incremento de 100.000 euros respecto al año anterior. Es una cifra de récord, nunca antes FERCAM había dispuesto de tanto presupuesto para gestionar las necesidades de la feria. Esto refleja el compromiso que existe por parte del Ayuntamiento de Manzanares y la prioridad que le da el equipo de gobierno municipal a FERCAM. Contamos además con el apoyo económico de la Diputación Provincial, de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, entidades financieras, empresas colaboradoras… además del apoyo en la organización del Gobierno de España a través del Ministerio de Agricultura.
Una parte de ese incremento del presupuesto se destinará a inversiones que permitirán mejorar las instalaciones destinadas a las catas agroalimentarias de cara a futuras ediciones.
Después de 64 años, FERCAM ha demostrado que sigue siendo una herramienta útil y necesaria para el sector. Nació como una feria local, después se convirtió en una referencia provincial y regional y hoy cuenta con representación de empresas procedentes de once comunidades autónomas, consolidándose como una cita de ámbito nacional.
Para Manzanares, además, supone un impacto económico enorme. Durante cinco días la ciudad recibe a más de 100.000 personas. Los hoteles completan su ocupación con meses de antelación, los restaurantes trabajan a pleno rendimiento y el comercio local también se beneficia de la llegada de miles de visitantes.
Queremos que quienes acuden a FERCAM hagan negocio, pero también que conozcan la ciudad, disfruten de su oferta turística y contribuyan a generar riqueza en todo el territorio. Esa es una de las grandes fortalezas de una feria que, edición tras edición, sigue creciendo y reforzando su posición como una de las grandes referencias nacionales del sector agroganadero y agroalimentario.
Texto: Juan Diego García-Abadillo.
Fotos: Ayer&hoy/Pixabay






