Teresa López Tomé / Directora del Instituto de la Mujer de Castilla-La Mancha

La violencia machista no desaparece por dejar de nombrarla. Tampoco deja de existir cuando alguien cuestiona sus causas, pone en duda el testimonio de las víctimas o difunde mensajes que minimizan su gravedad. Al contrario: negar esta realidad dificulta combatirla, alimenta la desigualdad y puede aumentar el miedo de quienes necesitan ayuda. Por eso, frente al negacionismo, debemos defender el conocimiento, la educación y el compromiso colectivo, conmemorando cada 25 de noviembre como una necesidad.

Vivimos en una sociedad en transformación constante, en la que la inteligencia artificial y las redes sociales ofrecen enormes oportunidades, pero también plantean riesgos que no podemos ignorar. Hoy es posible fabricar imágenes, manipular vídeos, suplantar identidades o difundir contenidos falsos con una facilidad y una rapidez desconocidas hasta hace poco. Estas herramientas pueden convertirse en nuevas formas de ejercer violencia contra las niñas y mujeres, humillarlas, amenazarlas o vulnerar su intimidad, siendo espacios de exposición, intimidación, en definitiva, vulneración de derechos. También pueden amplificar bulos que cuestionan la violencia machista y pretenden presentar como discutible una realidad que sufren miles de mujeres. Esta violencia, aunque ocurra en el entorno digital, es real y tiene graves consecuencias.

Por eso hoy sigue siendo imprescindible educar en igualdad en las aulas y en toda la comunidad educativa, tanto en el ámbito familiar como en el comunitario. Enseñar a nuestras generaciones más jóvenes a dotarse de herramientas que les permitan desarrollar una vida en condiciones plena de igualdad, rechazando cualquier expresión de la violencia machista y sabiendo hacer un uso responsable de la nueva tecnología, distinguiendo la información y los usos adecuados del bulo y la violencia. Una labor que compete al conjunto de la sociedad, con especial implicación también de los hombres.

Castilla-La Mancha conoce bien la importancia de anticiparse y de actuar frente a la violencia machista. Nuestra región ha sido pionera en esta lucha, desde la primera legislación autonómica de protección a las mujeres hasta la Ley 4/2018, de 8 de octubre, para una Sociedad Libre de Violencia de Género, una norma avanzada que reconoce distintas manifestaciones de esta violencia y amplía la protección a las víctimas. Ese compromiso se traduce también en recursos especializados, atención, acompañamiento y protección para las mujeres y sus hijas e hijos. El Gobierno regional seguirá reforzando las herramientas necesarias para prevenir, detectar y combatir todas las formas de violencia machista.

Pero ninguna ley ni ningún recurso bastan si como sociedad dejamos espacio a quienes niegan esta violencia o cuestionan a quienes la sufren. Las víctimas necesitan saber que serán escuchadas, creídas y acompañadas; que pedir ayuda no las convertirá en objeto de sospecha, y que nunca estarán solas. Frente a los mensajes que generan desconfianza, debemos ofrecer certezas, apoyo y una respuesta firme.

Este 25 de noviembre, el compromiso debe ser de todas y de todos. No podemos normalizar la violencia ni guardar silencio ante quienes la ignoran o, peor aún, la justifican. Debemos señalar y aislar los discursos que alimentan la desigualdad, exigir responsabilidad también en el entorno digital y hacer de la educación nuestra mejor herramienta de prevención.
Porque una sociedad libre de violencia machista se construye cada día: enseñando a respetar, aprendiendo a distinguir la verdad de la mentira y actuando cuando los derechos de las mujeres están en riesgo. Negar la violencia no la elimina. Educar, prevenir y actuar sí nos acerca a una sociedad en la que ninguna mujer tenga que vivir con miedo y cada 25 de noviembre también es momento para reconocer la labor que la comunidad educativa de la región ya está realizando.