Con más de tres décadas de experiencia al frente de su floristería en Manzanares, Carmen ha convertido su pasión por las flores en una forma de vida. Ha sabido adaptarse a los cambios, mantener viva la tradición y ofrecer un trato cercano y personalizado para todo tipo de momentos: ramos personalizados, decoraciones de bodas, centros para eventos, coronas para homenajes, etc. Lo que empezó como un negocio familiar impulsado por su madre, hoy es un espacio lleno de creatividad, cercanía y vocación.
Entrevista con Carmen Caro Fernández-Medina, Gerente
Pregunta.- Carmen, ¿puedes contarnos cómo y cuándo comenzó vuestra actividad?
Respuesta.- La floristería la inició mi madre hace unos 37 años. Ella fue quien empezó con esta pasión por las flores, aprovechando una oportunidad que surgió cuando otra florista tuvo que dejar su negocio por motivos de salud. Yo me incorporé muy joven porque ella ya necesitaba ayuda. Desde entonces no me he separado de este trabajo. Llevo ya 35 años dedicándome a esto personalmente. Es una vida entera entre flores, aprendiendo cada día y viendo cómo ha evolucionado este mundo.
P.- ¿Siempre habéis estado en la misma ubicación?
R.- No. Como te decía, mi madre comenzó en un pequeño local en la Carretera de La Solana, que había sido traspasado. Allí estuvimos muy poco tiempo, un año o dos como máximo. Después surgió la posibilidad de mudarnos a la calle Morago 1, que está más céntrica, y desde entonces no nos hemos movido.
P.- ¿Qué tipo de productos y servicios ofrecéis en la floristería?
R.- Ofrecemos prácticamente de todo. Con la flor se puede hacer mucho: ramos, centros y decoraciones florales para todo tipo de celebraciones y eventos (bodas, comuniones, cumpleaños, aniversarios, ferias comerciales y empresariales, etc.), y por supuesto coronas y centros para difuntos. En sí, todo tipo de decoración, también para las casas, tanto con flor natural como artificial, preservada o seca, que se utiliza mucho últimamente para decorar hogares o para detalles especiales como ramos de novia. Con la flor se puede hacer un sinfín de composiciones decorativas adaptadas a cada momento y cada espacio.
P.- ¿En qué consiste la flor preservada y por qué se ha puesto tan de moda?
R.- Es una flor natural que ha pasado por un tratamiento especial para que no se marchite. Puede conservarse durante años sin perder su forma ni su color, siempre que se cuide bien. Antes era bastante cara y por eso no se vendía tanto, pero con el tiempo se ha ido abaratando y ahora es muy demandada, sobre todo en ramos de novia para conservarlo o para regalar como recuerdo duradero. También se utiliza mucho en decoración de interiores y hay mucha variedad de estilos y colores.
P.- ¿Ofrecéis también asesoramiento personalizado a vuestros clientes?
R.- Sí, siempre. Lo primero que hago es preguntar qué necesita, para quién es, qué le gusta. A partir de ahí empezamos a hablar de colores, estilos, formas… Tengo catálogos para mostrar ejemplos y ayudar a visualizar. Con las bodas, por ejemplo, dedicamos mucho tiempo a ver posibilidades porque es un día muy especial. Acompañamos al cliente en todo el proceso para que se sienta seguro y satisfecho.
P.- ¿Qué fechas del año son especialmente importantes en vuestro trabajo?
R.- Hay varias campañas clave. Empezamos el año con Reyes y, más recientemente, Papá Noel ha ganado terreno. Luego viene San Valentín, donde se venden muchas rosas rojas porque simbolizan el amor. El Día del Padre y el Día de la Madre también son fechas importantes, tanto para regalar a los padres vivos como para recordar a los que ya no están. Luego llega la Semana Santa, en primavera llegan las comuniones, y después empieza la temporada fuerte de bodas. Pero la campaña más fuerte es la de Todos los Santos, el 1 de noviembre. Empezamos a trabajarla desde principios de octubre y es un no parar. Aun así, el trabajo del día a día es lo que sostiene el negocio. No se puede vivir solo de las campañas.
P.- ¿Qué tipo de flor se demanda más durante la campaña de Todos los Santos?
R.- Se vende mucho la flor artificial de calidad, la de tela buena, que puede durar un año en el cementerio. También hay mucha demanda de flor natural, como los clásicos claveles y margaritas, aunque cada vez más gente busca variedad: azucenas, gerberas, rosas… flores más coloridas y alegres. Nosotros intentamos proponer cosas nuevas, y cuando se atreven, les suele gustar mucho.
P.- ¿De dónde viene vuestra clientela principalmente?
R.- Principalmente de Manzanares y pueblos cercanos como Membrilla, La Solana o Los Llanos. Pero también clientes de Madrid, Valencia o incluso del extranjero, que son hijos e hijas de gente de aquí. Nos llaman para enviar flores a sus familias. Hoy en día con las nuevas tecnologías trabajamos mucho a distancia. Muchos pedidos se hacen sin que lleguemos a vernos en persona. Lo importante es que siempre entregamos nosotros mismos en mano, no usamos transporte externo porque la flor natural es delicada y hay que tratarla con mimo.
P.- ¿Habéis introducido alguna novedad reciente o cambios en vuestra forma de trabajar?
R.- Más que novedades, intentamos darle la vuelta a lo típico. Por ejemplo, en vez de regalar un ramo a las madres en una boda, ahora propongo hacer un cuadro con flor seca o preservada. Es un detalle precioso y duradero. Siempre estoy pensando en cómo sorprender al cliente, en cómo cambiar algo que ya está muy visto. Eso también es parte de la creatividad, de no quedarse estancado.
P.- Después de tantos años, ¿qué objetivos te marcas en tu día a día?
R.- Mi objetivo es seguir trabajando con la misma ilusión y hacer las cosas bien. Que la gente quede contenta, entregar alegría en las casas o que te digan que les ha encantado su ramo o la decoración de la boda. Esas palabras son lo que más valoro. Me emociona cuando alguien te reconoce el trabajo que realizas.
Texto y foto: Ayer&hoy






