El origen de los Paradores de Turismo de España, o simplemente Paradores, se remonta al año 1910. La idea era crear una serie de hoteles en lugares donde la iniciativa privada no llegaba, con la intención de atraer a excursionistas y viajeros a parajes de gran belleza o poblaciones con variada riqueza cultural, artística e histórica. Esta tarea le fue encomendada por el Gobierno de España al Marqués de la Vega Inclán, el cual fundó al año siguiente la Comisaría Regia de Turismo. Sin embargo, tuvieron que pasar varios años hasta que se puso en marcha el primero de estos Paradores.
En el año 1926, el rey Alfonso XIII, se ocupó personalmente de elegir el mejor emplazamiento del primero de los establecimientos que estarían llamados a formar la red de Paradores. El lugar elegido fue la Sierra de Gredos, entre Madrid y Ávila, en medio de un paraje de singular belleza. Dos años después, en 1928, abriría el primer parador de la historia: El Parador de Turismo de Gredos. Tras él abrirían sus puertas el de Cádiz, Alcalá de Henares, Ciudad Rodrigo, Oropesa y Úbeda.
De igual forma, en 1928 se constituiría el Patronato Nacional de Turismo, siendo una de sus primeras decisiones el desarrollo de una red de “Albergues de Carretera”, integrada en la Junta de Paradores y Hosterías cuya construcción estaría ligada al Plan Nacional de Firmes Especiales del Ministerio de Fomento para la mejora de la red nacional de carreteras. El objetivo no era otro que el de ofrecer un refugio a aquellos conductores que recorrían grandes distancias que separaban los núcleos importantes de población en España y los entornos rurales.

actualmente se ubica el restaurante.
Las bases propuestas por el Patronato determinaban un tipo de edificio estandarizado que fuera fácilmente reconocible, de construcción rápida y económica, de proporciones reducidas que permitieran un coste bajo de mantenimiento, y que contará con vestíbulo, cabina de teléfono, servicios, recepción, salón de estar con chimenea, comedor en forma de rotonda con terraza exterior, ocho habitaciones (cuatro dobles y cuatro individuales)… además de surtidor de gasolina, lavadero, un pequeño taller de reparaciones y una clínica de urgencia.
Tras las bases se aprobó la construcción inmediata de doce albergues que se situarían en Aranda de Duero, Almazán, Medinaceli, Pantano de la Peña, Quintanar de la Orden, Manzanares, Bailén, Antequera, Benicarló, Puerto Lumbreras, La Bañeza y Puebla de Sanabria.
Al concurso se presentaron más de sesenta arquitectos, siendo el proyecto seleccionado el de los jóvenes arquitectos Carlos Arniches y Martín Domínguez, que presentaron su idea de “albergue-refugio automovilista”. Dando comienzo las obras de los primeros albergues de Manzanares, Quintanar de la Orden, Benicarló y Almazán en 1929.
El primer albergue de carretera de España.- El 12 de marzo de 1931 abriría el primero de estos albergues de carretera, el de Manzanares, ubicado en el kilómetro 175 de la Carretera de Madrid a Cádiz. Su finalidad, al igual que el resto, era ofrecer a los viajeros, servicios de alojamiento y restauración a cualquier hora del día o de la noche. Las tarifas de apertura fueron de 20 pesetas la habitación doble, 10 pesetas la individual, 6 pesetas el almuerzo o la cena, 2,50 pesetas el desayuno, y se aceptaban perros por 2 pesetas al día. El equipamiento con el que contaba en aquella época era de verdadero lujo: Colchones de muelles importados de Inglaterra, electrodomésticos americanos como un frigorífico de la General Motors o incluso una radio pick-up americana.
Muchas personalidades de la época pasaron por este albergue. Ignacio Sánchez Mejías, torero inmortalizado por Federico García Lorca, se hospedó en la habitación número 13 antes de su trágica cogida en la Plaza de Toros de la localidad en 1934. Años más tarde, en 1947, el torero Manolete también cenó en este Parador la noche previa a su fatídica faena en Linares.
El dramaturgo Pedro Muñoz Seca escribió varias piezas de teatro mientras residía en el Parador inspirándose en su ambiente acogedor. De hecho, menciona su estancia en su obra “El Refugio”, describiendo el carácter hospitalario del lugar. Otros personajes de la época, como la actriz María Bru, el cómico José Isbert o el general Miaja frecuentaban también el albergue.
En Manzanares destacaba el trato humano y familiar del personal del albergue. Un claro ejemplo de ello fue la honradez demostrada por dos empleadas, Antonia Laguna y Francisca Fernández, al entregar un maletín olvidado en el albergue a la familia Dumier Celine, que contenía alhajas, valores y dinero por más de un millón de francos, toda una fortuna en aquellos años. Del suceso se hizo eco en su momento el diario ABC y, en mayo de 1933, el Consejo de Ministros concedió un premio en metálico a estas empleadas como recompensa a su contribución positiva de la imagen de España en general y del turismo en particular.
Con la llegada de la Guerra Civil, el albergue de Manzanares se convirtió en un cuartel militar y hospital de trasfusiones de sangre. Tras la guerra, el albergue volvió de nuevo a funcionar, aunque con bastantes penurias económicas. De hecho, al no contar con suficientes medios, los empleados tenían que elaborar su propio jabón para lavar la ropa, plantaron una pequeña huerta y criaron animales de granja para poder dar comidas.

Tras los estragos de la Guerra Civil, España atravesó una época de recuperación en el que el turismo comenzó a verse impulsado, notándose un importante crecimiento en el movimiento de vehículos en la carretera. Autocares llenos de turistas llegaban al albergue de Manzanares, y este, no paraba de dar un almuerzo tras otro. No había espacio para meter a tanta gente y, mientras un grupo comía, el otro esperaba en el autobús. Se empezaban a servir comidas a las once de la mañana y se terminaba prácticamente a las seis o siete de la tarde, pero nadie se iba sin comer.
En aquella época se había ampliado a 12 habitaciones en vez de 8, y la época estival se unía a la temporada de caza con todas las habitaciones completas cada día. El desarrollo del trazado de la red de carreteras, la evolución del turismo y el avance tecnológico del automóvil determinaron la reorganización de la estructura inicial de la red de albergues y la reconfiguración arquitectónica de sus edificios. Se produce entonces, en 1954, una ampliación del albergue a 42 habitaciones debido a tanta demanda, se amplía el comedor y se construye el bar y un salón. Así quedaría configurado hasta el año 1979 cuando llega el cierre definitivo de este complejo con la denominación de “albergue”, para pasar a formar parte de la red de Paradores de Turismo de España.
Parador de Turismo de Manzanares.- Tras catorce meses de inactividad, debido a una reforma de mejora en la que se amplía hasta las 50 habitaciones, además de otros servicios complementarios, abre en noviembre de 1980 el Parador de Manzanares, heredero del antiguo albergue. Pero su mayor cambio lo sufrió en el año 2002 con la remodelación total de la instalación, mejorando la totalidad de los servicios, sustituyendo los cerramientos, puertas y ventanas, y mejorando las terrazas exteriores con revestimientos de madera, dándole un carácter manchego a la fachada y un aspecto icónico al edificio. También fue renovada la zona de piscina, incluyendo los vestuarios y el área infantil, se rediseñó el jardín para permitir el acceso de vehículos hasta la puerta del Parador, y se amplió la zona de parking bajo techo, con una zona cubierta de aspecto típico. La renovación impulsó además la apertura del nuevo restaurante Azafrán, situado en el antiguo comedor rotonda, ofreciendo cocina manchega tradicional reinterpretada. Como curiosidad, Manzanares es el único Parador que aún conserva la barra de bar y el salón de chimenea redonda originales de los albergues.

Hay que destacar también que, hace más de 40 años que Castilla-La Mancha comenzó a escribir su historia. Gran parte de lo que ahora somos como región comenzó a tomar forma cuando el 21 de julio de 1981 se reunió en el Parador de Manzanares la Asamblea Mixta encargada de comenzar la redacción del Estatuto de Autonomía de Castilla-La Mancha.
A día de hoy, el Parador de Manzanares es un hotel de cuatro estrellas que se ha convertido en parada obligada para el descanso del viaje o punto de partida para visitar el Parque Nacional de Cabañeros, las Lagunas de Ruidera y las Tablas de Daimiel. Sus clientes valoran la tranquilidad, el trato familiar y cercano de su equipo, y su gastronomía local.
Texto: Ayer&hoy. Fotos: Parador Manzanares y Biblioteca de la Facultad de Empresa y Gestión Pública. Universidad de Zaragoza.






