A sus 82 años, acumula once años en la Universidad de Castilla-La Mancha, en la Facultad de Ciencias Sociales del campus de Ciudad Real, con dos grados, Derecho y Relaciones Laborales, y un máster, con sobresalientes y alguna matrícula de honor. Y este mes comienza el tercer curso de ADE. Ramón Romero Gómez (Fernán Caballero, 1941) presume de ser el alumno más mayor de la UCLM aunque no de otras cosas que atesora, es buena persona, trabajador, inquieto, inteligente y con grandes dotes de saber estar. Ha trabajado 38 años en la Diputación de Ciudad Real, en la Imprenta Provincial, colaborando los fines de semana en el negocio familiar, la Floristería Santa Elena. Con la jubilación y una pronta viudedad, se embarcó en lo que más le gustaba: aprender y aumentar la sabiduría que dan los libros, que ya de la vida lleva algo de ventaja.

“No creo que tenga mérito alguno, cualquiera puede hacerlo y para mí ha sido mi medicina”

Pregunta.- ¿Siempre has tenido inquietudes por estudiar?
Respuesta.-
Lo cierto es que sí, pero he ido a destiempo. Casi todo lo que he estudiado, lo he hecho después de trabajar y me explico. Mi padre era ferroviario y nos instalamos definitivamente en Ciudad Real cuando cumplí 11 años. Con sólo 13 ya estaba trabajando en la desaparecida imprenta de Rafael Navarro, en la calle Toledo. De ahí pasé a Gráficas Cervantes y luego a la Diputación, con 15 años ya estaba dado de alta. El mismo día de mi 27 cumpleaños tomé posesión de mi plaza en la Imprenta Provincial, donde he llegado a ser jefe de servicio. Pasé directamente por oposición, pero no me lo pusieron fácil porque el puesto tenía nombre y apellidos.


Debido al trabajo, me apunté al bachillerato nocturno, soy de la segunda promoción de Ciudad Real, con la reválida completa. De la imprenta iba al Instituto Juan de Ávila (único por aquellos tiempos) por lo que muchos días tenía que quedarme hasta las dos de la madrugada; una vez realizado el bachiller me matriculé en Magisterio, del cual tengo casi el primer curso. El gobernador civil de entonces (1956-62), José Utrera Molina -que fue ministro de Vivienda en la dictadura de Franco-, y el delegado de Juventudes, Enrique Navarro, nos pagaron a 12 o 13 chavales los libros y dos profesores, el de Filosofía y Matemáticas, de su pecunio particular. Al ser trasladados de sus puestos a otra provincia, lo tuve que dejar por falta de medios económicos. Después, en Diputación, al estar en la imprenta junto con el colegio de Salesianos, daba clases por la tarde a los chicos de taller y tecnología; tuve que matricularme en FP de Artes Gráficas de primero y segundo grado para poder firmar las notas. Con el tiempo dejé las clases en la Diputación, prefería ayudar a mi mujer en la floristería.


P.- Cuando te jubilaste, ¿tu primera opción fue matricularte en la UCLM?
R.-
Esperé cuatro años a que se jubilara mi mujer para estar juntos, pero tuve la desgracia de que, al poco de jubilarse, falleció y me quedé viudo. 50 años de matrimonio, entré en depresión, mis hijos querían ayudarme, que fuera al psicólogo. Pero a mí siempre me ha gustado estudiar, ya había estado en la Universidad de Mayores José Saramago por lo que, con la misma matrícula, pasé a la UCLM como alumno adjunto de la Universidad de Mayores. He sacado Derecho completo, me dieron la mención honorífica defendiendo mi Trabajo Fin de Grado (TFG); en Relaciones Laborales tuve un 9 de nota final y en ADE voy a por matrícula de honor.


P.- ¿Cuántos años llevas en la Universidad y hasta cuándo seguirás estudiando?
R.-
Once años en total. Cuatro años en Derecho y un año más para el máster, no quise hacer el examen de Estado con el fin de evitarme compromisos; luego continué con el grado de Relaciones Laborales y Desarrollo de Recursos Humanos, con la mala suerte de que cuando tocaba graduarnos llegó la pandemia y nos metieron a todos presos.


Lo dejaré cuando termine ADE, me quedan dos años, tendré ya 85 años y no soy ningún niño. Ahora en septiembre comienzo el tercer curso y terminaré el próximo año si no pasa nada, ánimos y ganas no me van a faltar; de hecho, soy quizá el alumno que menos falta a clase siendo el mayor de todos. Este año me enfrento a la dificultad del idioma con una asignatura en inglés, me costará más o menos trabajo, pero lo sacaré. No es la primera vez que aprendo algo por obligación.


P.- ¿Cómo ves a la juventud de hoy en día?
R.-
La juventud es fabulosa, muchos de los jóvenes trabajan a la vez que estudian. Gente de mi edad cree que los jóvenes son los 4 gamberretes, que los hay, pero la mayoría son buenos chicos, trabajadores y estudiantes, y yo los alabo. Y colaboro con ellos en todo lo que pueda. Pero también aprendo de ellos, aprendo a saber estar, a saber compartir la vida…; aunque me veas con esta edad, soy de espíritu joven y disfruto de la ‘cervezada’ con ellos, estoy un par de horas y tan a gusto. Algunos mayores lo critican, pero les pongo una comparación, cuando nosotros éramos jóvenes también hacíamos trastadas y, a lo mejor, más graves que las de ahora, saltábamos al corral del vecino a coger la gallina o a robar uvas. Han cambiado los tiempos, pero las trastadas se siguen haciendo, hay que comprenderlo y saber adaptarse.


En clase me llevo fabulosamente bien con mis compañeros, colaboro con los grupos, soy uno más en los trabajos de equipo y acepto lo que me digan; lo que no se puede hacer es imponer tus condiciones por el mero hecho de ser mayor y ellos jóvenes, no, cuidado, puedes hacerles ver las cosas, recomendar, dar consejos, pero de ahí no te pases porque sólo conseguirás que no quieran ni verte. Es primordial colaborar con ellos en igualdad de condiciones, sin querer sobresalir por el hecho de ser mayor, y respetar sus derechos.


Con los profesores tampoco tengo ningún problema. A algunos docentes que han explicado episodios recientes de España les he comentado la necesidad de mirarlos bajo el prisma de la realidad, pues son episodios que yo he vivido personalmente, como la Transición Española. Recuerdo que pregunté a un profesor de Relaciones Laborales, qué ejercicio final me iba a mandar, y me contestó “¿Y si te mando a hacer puñetas, cómo quieres que te pida un trabajo si en tu profesión ya desarrollaste todo lo dicho en clase?”, me conocía y sabía que lo que había explicado en clase yo ya lo había puesto en práctica en mi vida laboral.


P.- ¿Qué ha significado para ti llegar a estudiar tres carreras tras la jubilación?
R.-
El psicólogo me hubiese mandado pastillas para atolondrarme o me hubiese recomendado que pensara en otras cosas. Pero yo busqué mi propio camino, el que quería, irme a la Universidad a aprender, a contender con gente joven y a espabilarme. Cuando me dicen que tengo mérito, yo no lo veo así, todo lo contrario, para mí ha sido mi medicina. En vez de sentarme en la plaza del Pilar, prefiero estar en la Universidad y aprender. Eso sí, presumo de ser el alumno más mayor de toda la Universidad de Castilla-La Mancha, no oficialmente pero sí oficiosamente, ya que la mayoría de mis trabajos los firmo como ‘alumno de la Universidad de Mayores José Saramago adjunto a la UCLM’.


Lo que he hecho yo lo puede hacer cualquiera, estudio porque disfruto con ello y aumento mis conocimientos. Además, me gusta ayudar a la gente joven y dar ejemplo, algo que a mi juicio es también una forma de enseñar, es de lo que más orgulloso me siento, y mientras pueda voy a seguir haciéndolo. También he colaborado con profesores, algunos eran compañeros de instituto de mis hijos, y otros se han dejado aconsejar, con el pertinente razonamiento. No se me ocurre contradecir a un docente y menos en el aula.


P.- El estudio te habrá ayudado en la memoria…
R.-
La memoria es igual que todo, si la trabajas no la pierdes, incluso hay momentos en que la recuperas y eso hay que tenerlo en cuenta. Por mi oficio, ha pasado por mis manos el Boletín Oficial de la Provincia y algunas cosas se han retenido en mi memoria, que me vinieron bien para Derecho.


P.- ¿Qué dicen tus hijos?
R.-
Al principio ponían el grito en el cielo, pero ahora están superorgullosos de su padre. Mi hija me dice que soy una enciclopedia con patas (cosa incierta y exagerada). En la graduación de Derecho, por protocolo, me debía imponer la beca el decano de la Facultad, pero fue el rector, Miguel Ángel Collado, quien me la impuso. El Paraninfo se vino abajo, a mi hijo se le cayeron las lágrimas de la emoción. Yo también estoy superorgulloso de ellos, siempre están pendientes de mí; además tengo una nieta a la que también quiero mucho.

Texto y fotos: Oliva Carretero Ruiz